Biología, Filosofía y Teología en diálogo (3)
Introducción (2)
El segundo capítulo, por su parte, tiene su origen en el artículo Emergencia y causalidad en biología, publicado en la revista Carthaginensia en 2107. En la redacción del capítulo se ha mantenido el esquema original y el hilo argumental que presentaba dicho artículo. La mayor parte del contenido ha seguido al original pero reescribiéndolo de manera que simplifique su lectura. Sólo un punto, el cambio de causalidad que opera en el nivel biológico, que ya estaba muy simplificado se ha mantenido como tal así como la mayor parte de los dos últimos puntos del capítulo. Así mismo, también se ha simplificado la reseña bibliográfica de volúmenes que contaban con capítulos escritos por diferentes autores para facilitar la lectura y dejar consignada la fuente sin perdernos en una cascada de nombres. A lo largo del capítulo, tratamos de describir cuáles son los pilares sobre los que se construye el emergentismo: irreductibilidad o visón holística, novedad y continuidad, finalidad y causalidad descendente; para, a partir de ellos, comprobar que la vida constituye efectivamente un nivel emergente fuerte. De hecho, estamos convencidos de que se trata del primer nivel emergente fuerte que podemos con claridad denominar como tal. Una vez aceptamos que la vida constituye un ejemplo de emergencia, pasamos a estudiar qué tipo de causalidad opera en ella para poder caracterizar mejor de qué hablamos cuando hablamos de causalidad descendente; vamos a encontrar en la selección natural un buen ejemplo para aprender sobre la causalidad ascendente. A partir de lo estudiado en el caso de la selección natural y la biología, volvemos a un nivel general que nos permita caracterizar la causalidad descendente de manera responda a cualquier caso en los que intervenga una acción causal de este tipo. Como resultado, proponemos una visión dinámica y activa de esta fuerza que, si bien tiene un papel formal restrictivo, necesitamos una concepción más amplia que ejerza una verdadera acción eficiente sobre los niveles inferiores. El objetivo es poder aprender sobre esta causalidad para, después, poder trasladar lo aprendido a la construcción de una analogía en el pensamiento religioso sobre la acción creadora continua divina. Tarea a la que dedicamos el tercer capítulo del libro.
El
tercer capítulo está redactado a partir de dos artículos publicados en la
revista Cartaghinensia a comienzos de 2020 y 2021 respectivamente. Aunque su
publicación original fue en dos artículos diferenciados, desde su diseño
inicial estaban concebidos como dos partes de una misma unidad. La primera
parte del capítulo, correspondiente al artículo El papel causal de la ausencia, recoge el intento de transportar lo aprendido
desde el punto causal en la biología al pensamiento filosófico-teológico sobre
la acción creadora de Dios. En esta parte, no sólo hacemos el trabajo de
transportar, sino que profundizamos en la ausencia como elemento articulador y
central que nos va a permitir concebir la acción creadora y plenificante de
Dios. Conforme llegamos al centro del razonamiento, más complicado se vuelve
rehacer la redacción inicial original del artículo. Sin embargo, se ve
necesario introducir algún párrafo que amplíe la explicación muchas veces
escueta del tipo de escritura de un artículo. Esto se vuelve todavía más claro
en la segunda mitad del capítulo, que recoge lo publicado en De la ausencia a la Kénosis, y que constituye
la propuesta final que realizamos, de tal manera que consigue articular un
modelo panenteísta en torno a la ausencia y que es capaz de resolver algunas de
las contradicciones e imprecisiones de otras propuestas analizadas. Dicho esto
con la humildad de quien conoce que sólo es posible aportar pequeñas y
provisionales ayudas a la difícil tarea de comprender la realidad del Dios
inefable y trascendente, aunque de acción inmanente, que supera nuestra
capacidad de comprensión y expresión.
Conseguimos engarzar en torno a la ausencia, los diferentes elementos y
contradicciones observadas entre distintas propuestas. De la mano de Rahner
vamos a conseguir explicar qué cómo Dios no sólo está en el origen de la
creación y sostiene los procesos que actúan de manera eficiente en ella, sino
que Él mismo se constituye en causa formal interna gracias a la autodonación
que desborda su realidad divina y llena y sostiene de manera inmanente la
creación y, por último, también es la causa final a la que tiende la creación
cuando se llegue a la reunión absoluta con el creador en el final escatológico
y comienzo de una nueva creación. Será la ausencia inicial la que nos permita
explicar cómo a partir de ella Dios puede actuar de manera inmanente y
constituirse en causa final. También a partir de ella podremos armonizar
visiones encontradas como es la posibilidad o no de la revisión de los
atributos divinos o si es a partir de la kénosis
o de la plérosis como Dios puede
actuar.
No
quería terminar sin apuntar una serie de temas que, si bien no tienen cabida en
este volumen, se derivan de la manera de entender a Dios y su acción según el
modelo panenteísta que propongo. No es el objetivo desarrollar dichos puntos ya
que cada uno de ellos llevaría un intento tan grande como el de el presente
libro. Pero me parecía interesante mostrar cómo un primer paso especulativo
como éste tiene consecuencias directas en muchas cuestiones más concretas del
pensamiento religioso: el ecumenismo, la ecología, la visión del mundo y el ser
humano, etc.; y la ética e incluso política de él derivada.
Espero
que la lectura, aunque pueda ser densa en algunos puntos, resulte sugerente y
nos anime a seguir pensando en estas últimas cuestiones que no pueden ser más
que un epílogo de este libro pero merecen seguir siendo pensadas y
desarrolladas.
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