Biología, Filosofía y Teología en diálogo (7)

 Teología de la Creación y Ciencia (3)


¿La creación se limita a un momento inicial o hablamos de otra cosa?

 

Una de las primeras preguntas que debemos hacernos es cuándo ejerce Dios su acción creadora. Estamos acostumbrados a pensar que un acto de creación es el que está en el origen de cualquier cosa: cuando un artista piensa y pinta un cuadro, un músico escribe una canción, etc. Si no os importa, permitidme que me detenga en el ejemplo del músico porque nos va a permitir entender qué nos estamos preguntando. No nos cabe la menor duda de que cuando un músico escribe una canción está creando la canción. Sin embargo, la canción no es una realidad terminada de una vez para siempre en el momento en que se compone ya que luego va a ser interpretada infinidad de veces. Después de grabar el disco, nuestro músico favorito empieza una gira en la que en cada concierto él y su banda interpretan la canción, posiblemente cada vez que la interpretan tenga un matiz distinto. Además, si la canción se convierte en una de las favoritas del repertorio, se incorporará a ese privilegiado grupo de canciones que se tocará en todas y cada una de las siguientes giras y será grabada muchas veces porque de vez en cuando se graba un disco en directo. Con el tiempo, la canción va sufriendo modificaciones porque van evolucionando los arreglos musicales para que, siendo la misma canción, no suene siempre de la misma manera. De alguna manera, podríamos decir que el acto de crear del músico no ha tenido lugar una única vez sino que está la canción está en un proceso de creación continua; en primer lugar nuestro músico escribió la canción desde nada y a partir de ahí ha seguido conservando y evolucionando su creación cambiando los arreglos, añadiendo matices e interpretándola en cada concierto. De alguna manera, además, este acto creador se convierte en un acto compartido porque cada músico que interpreta la partitura pone en ello algo de sí mismo y no lo hace de una manera mecánica. Por eso, la canción no suena igual si cambian los componentes del grupo, si entran en juego nuevos instrumentos, etc.

Los más impacientes os estaréis preguntando que tiene que ver una canción con la acción creadora de Dios. Los científicos teólogos en general, y los que se posicionan con el modelo panenteísta en particular, conciben la creación como una acción que es ejercida por Dios de manera constante y no sólo restringida a un momento particular inicial. Tampoco quiero haceros pensar que es una idea súper original puesto que está tomada de Santo Tomás quien ya hablaba de una creación en dos momentos: un momento inicial en que Dios crea desde la nada creación ex nihilo y una creación continua mediante la que Dios mantiene y sostiene todo lo creado. Aunque Tomás señale estos dos momentos o actos creadores, ambos son inseparables ya que el acto creador establece una relación mediante la que Dios comunica de manera continua el ser a lo creado (Torcal & Casadesús, 2014, p. 72). Es decir, mediante esta relación-creación continua, Dios sostiene todo lo creado y, aunque un poco simple y no sea exactamente lo mismo., nos sirve el ejemplo del músico y la canción para poder entenderlo.

Una vez enunciado que el acto creador tiene lugar de dos maneras, la creación ex nihilo y la creación continua, nos viene la gran pregunta: ¿cómo hace Dios esto? También podemos recurrir a Santo Tomás que si bien situaba a Dios como primera causa, dejaba un papel protagonista a la creación y, de manera especial, al ser humano. Si unimos todo lo que vamos diciendo, estamos ante un modo de creación que no queda restringida a un momento inicial sino que es continua -defenderemos que una de las maneras que tiene Dios de actuar son las propias leyes de la naturaleza- y ante una creación que, por su capacidad creativa, va a ser copartícipe del acto creador de Dios.


Un mundo emergente


A la luz de la ciencia, nuestro mundo está en constante evolución, un mundo en el que la emergencia de novedad es constante a lo largo del tiempo (Martínez Baigorri, 2017). Esta idea la desarrollaremos en el siguiente capítulo en el que, fijándonos de manera especial en el nivel de la vida, intentaremos explicar qué significa que hay constante emergencia de novedad. Por el momento bastará por apuntar algunos argumentos que justifican que esta visión de mundo es especialmente relevante para poder pensar cómo actúa Dios en el mundo.

La fe cristiana defiende un Dios trascendente que, al mismo tiempo, actúa de manera inmanente al mundo creado. Esta es una tensión que cualquier modelo que quiera usarse en una teología de la creación tiene que tener presente. En determinados momentos, uno de los dos polos de la tensión puede ganar y entonces el modelo resultante no será fiel al Dios del cristiano. Un poco antes, hemos hablado del deísmo que surgió a partir de la visión mecánica del mundo propiciada por la mecánica de Newton y la filosofía de Descartes. ¿Cuál es el problema del deísmo? Que desequilibra la tensión hacia el polo de la trascendencia. De esta manera, se genera una visión de un Dios que es creador de todo lo que existe pero, una vez creado el mundo, se desentiende de lo creado que funciona de manera absolutamente autónoma. No es difícil entender que el siguiente paso es que Dios termine por ser también innecesario en el momento inicial y se convierta en una idea prescindible. También encontramos el caso opuesto, aquel en el que el desequilibrio lleva hacia la inmanencia absoluta. En este caso, Dios termina por perder cualquier tipo de trascendencia siendo identificado con la propia creación. No son pocos los grandes pensadores como Spinoza y Hegel, que han terminado defendiendo el panteísmo. Para los más jóvenes, podemos encontrar una visión sencilla y moderna de panteísmo en la fuerza de Star Wars, algo que une, impregna y controla toda la galaxia y los seres vivos que en ella tienen.

El paradigma emergentista nos va a permitir encontrar modelos que nos ayuden a pensar la relación entre Dios y el mundo que podamos trasladar a un modelo teológico explícito: concretamente al modelo panteísta (Clayton, 2004b). En el tercer capítulo pondremos los mimbres de este modelo panenteísta, un modelo que respetando la trascendencia de Dios y la autonomía del universo creado, nos permitirá pensar la acción inmanente de Dios mediante la que sostiene y da ser a lo creado.

Otro de los puntos fuertes del emergentismo es que permite comprender la realidad de manera holística y no fragmentada o parcializada. Frente a la tendencia reduccionista de una parte de la ciencia que reduce todo a procesos físico-químicos –generalmente incluso la química queda reducida a física- la emergencia describe novedad irreductible en cada nivel de complejidad que podemos encontrar en el universo. Como explicaremos en el siguiente capítulo, esto introduce la relación como un factor clave y una forma diferente de causalidad, la causalidad descendente, que amplía el reduccionismo causal que la ciencia moderna ha ido ofreciendo.

El universo emergente y evolutivo es un universo que tiene una capacidad creativa para desplegar una potencialidad que todavía no es. Como dice Schmitz-Moormann (2005) la característica clave del universo es que está en camino de “llegar a ser”. ¿Cómo llega a ser? El universo despliega su potencialidad gracias a la legalidad existente en la naturaleza y al azar. En esta combinación de leyes y azar se encuentra, a juicio de muchos teólogos, la forma en que Dios actúa de manera inmanente y continua. Aunque voy a intentar reducir al mínimo las citas textuales de otros autores, me vais a permitir que use una cita que nos va a ser de utilidad; frente a una acción extrínseca de Dios que actúa desde fuera de la creación, el panenteísmo propone que “los procesos revelados por las ciencias son, en sí mismos, Dios actuando como creador , y Dios no se apoya en ningún tipo de influencia adicional o factor añadido en el proceso continuo de crear el mundo” (Peacocke, 2004, p. 144).

Nos queda claro que el mundo emergente y evolutivo es un mundo inacabado en el que podremos intentar explicar cómo Dios actúa de manera inmanente –no extrínseca- a través de las propias leyes de la naturaleza y el azar, sin caer en una identificación entre Dios y la naturaleza que sería una reducción de Dios al panteísmo. Para terminar esta introducción al mundo evolutivo nos queda una última cuestión. Si el mundo está en continua evolución, y también lo que sabemos sobre él, toda reflexión teológica que se haga a la luz de lo que el conocimiento científico nos dice sobre el mundo tendrá un carácter de provisionalidad de tal manera que nunca podremos dar por cerrada la teología de la creación. El teólogo tendrá que explorar siempre más allá de la frontera definida en el momento actual si quiere aumentar y ensanchar la comprensión que tenemos de la revelación y la inteligibilidad de la misma por parte del hombre de hoy.


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